A lo lejos, sobre la arena, una figura apenas perceptible bajo la tenue luz de la luna. Estática, solo sus ojos oscuros bajo sus largas pestañas insinúan un leve movimiento, mientras su mente vuela con mil preguntas que no dejan de aletear cual colibrí hace caer su maravilloso batir de alas.
“¿Soy yo en realidad?” me observo desde fuera como si mi alma y mi cuerpo ya no estuviesen unidos pero, ¿de verdad existe el alma?
Horas, minutos, segundos……… Momentos pasados, vividos, sentidos y, sin embargo, han significado tan poco.
“¿Cuál es mi realidad?, ¿la de hoy?, ¿la de ayer?, o ¿será simplemente aquella qué ocurrirá cuando deje de existir?”
Una suave brisa mece el pelo caído sobre los hombros, sigue sentada en la arena. “El viento, donde me lleve, allí iré, a cualquier lugar”. El mar, como cielo bajado a sus pies, la llama, la atrae, le habla al rozar sus dedos: “Ven, acércate, cerca está lo que siempre has buscado”. Y sin más, dirigió sus pasos hacia donde ella pensaba que encontraría su felicidad.
Miré hacia arriba, y allí estaba, era ella, la Luna Azul, que aún apenas perceptible y dirigiéndome una sonrisa, hablaba. “¿Te das cuenta? Nada es imposible”. Volví la cabeza y en ese momento me di cuenta: Yo ya no estaba, la figura que durante horas había permanecido quieta sobre la arena, había desaparecido.
Anónimo

