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lunes, 10 de mayo de 2010

Caen dos torres gemelas

Rafael apareció por mi casa a principios de septiembre. Había ido a decirle a su mujer que lo trasladaban a Huelva y de camino se encontró con los papeles de la separación y el divorcio. Sólo le quedó firmar y largarse. Entonces miró al pasado y allí estaba yo, doce años atrás.

A mi me vino bien porque llevaba diecisiete meses separado también. Cambiamos la puerta de la guardería por la cerveza temprana, las tardes del Nervión por dardos en el pub, la serenidad suave de la familia por la risa acelerada de la amistad.

“Mira, mira, dicen que es una avioneta.” Sólo tuve que volverme porque la cocina era americana y estaba en una esquina del comedor-dormitorio. Recuerdo que estaba haciendo pavo al roquefort. El pavo por la salud, el roquefort por el sabor.

Primero cayó la torre sur, luego la norte. “Como nosotros,” pensé. El pasado quedó pasado, ya nunca más volvió. “Sólo nos queda el futuro.” Y el futuro fue bueno, no hizo honor a su mala reputación.

Ricardo Navarrete Franco

viernes, 9 de abril de 2010

Norte y sur


El 11 de Septiembre es un día catastrófico para la mayoría de la gente que conozco. Todo el mundo tiene una razón para odiar este día, y todos ellos tendrían una espeluznante historia que contarnos si les dejasen. Su historia...
Mi nombre es Pablo y me gustaría contaros la mía:


Cada vez que vemos una de las fotos de las torres gemelas, no podemos evitar pensar en toda esa pobre gente llorando, saltando en desesperación y mandando mensajes de despedida a sus familias. Bien, debo admitir que envidio a estas familias. Mi padre murió el 11 de septiembre. El no era un soldado, bombero ni trabajaba en las torres. Ni tan siquiera iba en uno de los dos aviones. Por eso nadie le recuerda. Por eso no es más que un fantasma en mi mente. Porque no estaba en una de esos malditos gigantes de hierro, tumba de tantas personas.

Mi padre se llamaba Juan Luis Gonzáles, y no estaba allí. Mi padre no era ya más que polvo cuando el atentado terrorista devastó América. Él murió mientras dormía, tranquilo en su cama mientras un avión bombardeaba nuestra casa y la nuestros amigos y vecinos. Mi madre murió tras ser violada por varios soldados, y mi hermano, fue acusado de varios actos terroristas inexistentes y ejecutado por ellos. Yo huí...

Esa estúpida noche de Martes de 1973, ese maldito 11 de septiembre, América fue la terrorista y mi pueblo el atacado. Mi gente, Chile, sufrió también, pero nosotros no somos recordados, ni mencionados. Es solo una cuestión de situación geográfica. Simplemente se trata de remarcar la ya enorme diferencia entre Norte y Sur cuando se habla de América.

Las familias de ese gran número de personas muertas en Nueva York ese fatídico día pueden llevar flores a lo que por un tiempo fue un inmenso agujero negro. Tan negro como los ojos de mi madre. Sé que no soy más que un inmigrante que nada sabe, pero, hay algo de lo que estoy totalmente seguro, y es de que mi madre, de haber podido, habría elegido saltar de un edificio antes de morir como ella lo hizo. Bajo el peso de un sudoroso hombre sintiendo su respiración en el cuello y oído. Mezclando el dolor con el llanto por haber perdido marido hijo y honor de un solo plumazo.

Me aflige mucho el dolor de las familias , pero me aflige mucho más mi situación. Juro que hubiese matado por un mensaje de despedida, por una placa con el nombre de mi padre grabado para recordar su valor, o por la compresión y denuncia ante tan ruin acto de todos los países del mundo. A nosotros nadie nos recuerda. Esa es la diferencia entre Norte y Sur en este estúpido continente. Maldito sea el día en que Cristóbal Colón descubrió el lugar donde seres tales como R. Nixon y G.W.Bush nacerían para desgracia del mundo.

María Suárez Alonso

jueves, 11 de marzo de 2010

From Heaven


Checking my e-mail, now I realize I’m dead. Never got so many mails from friends. David tells me he would like to see me in his sister’s birthday party, Ben wants to watch a movie with me, Susan wanna tell me something she dind’t have courage to say before; my mum wonders why I kept that fucking job, I was paid so badly…And my wife, she thinks about dead and muder, she believes death penalty is not enough for them. Those terrorrists. Terrorist, what a extrange word to be pronuonced from such sweet lips.

A eternity ago, checking my mail, as usual, I should have been killed. That’s what they paid me for: the lazy tasks of deleting ads and sending randon messages to all that people I knew and I never called to. I went back to work because they tell me it was safe, and I was too lay-back to doubt, so I went in again. It was normal for me not to think what I was told, simply moving mechanically following the stream. That easy death is.

I never heard of a damned second plane, or about Al Quaeda, or about a fucking huge skyscraper with a pudding consistenciy. I only heard the explosions, and only saw the fire. The rest is the task of the world to figure out.

But here I am, or I am not, receving unlimited messages that I can answer not, and people thinking about me instead of my death. Nobody cares how I was dead, only the fact that I’m not alive. So superflous now, I think.

I wish they would write to me before, I when I still existed, though not for them.

Mª Dolores García Torres